Guayaquil

27 Nov 2016 - 1:06 PM

El fútbol se ha constituido como una ruta de escape en Cuba

La “crisis de los balseros” fue uno de los acontecimientos más importantes de su historia, cuando 37.191 ciudadanos emigraron del país de manera ilegal.

Fuente:

Mauro Freire
  • La selección cubana compite activamente en los torneos de la Concacaf.

En el año 1994, Cuba cursó uno de los acontecimientos más importantes de su historia, cuando 37.191 ciudadanos emigraron de este país de manera ilegal. Este hito se denominó como la “crisis de los balseros”, debido al gran número de interceptados por parte de los guardacostas de EE.UU. en el estrecho de Florida.

El año pasado, esta historia se repitió, pero en menor número. Fueron 3.197 los inmigrantes cubanos descubiertos en el mar. Y es que los cubanos están comprendiendo que las posibilidades de triunfar en los Estados Unidos son más factibles que en su propio país. Esta necesidad de buscar un horizonte distinto para sus vidas también se ha hecho presente en el fútbol.

El número de deportistas que han desertado en los últimos años ha crecido en gran medida. La selección cubana de fútbol no está exenta de estos casos. Desde el año 2002, han sido 26 los futbolistas cubanos que han huido de la selección nacional para pedir refugio en los Estados Unidos.

Según el medio de comunicación, El enganche.es, entre 2000-2014 se concedió permiso de salida del país por asuntos personales al 99,4 por ciento de los que lo solicitaron y solo fue rechazado el 0,6%. De los 941.953 ciudadanos que viajaron al exterior por métodos legales en ese período, 120.705 (nada menos que un 12,8%, nunca regresaron).

Muchos de los que salieron ilegalmente o se quedaron en el extranjero finalmente iban encontrando resquicios burocráticos para habilitar sus pasaportes (el requisito solicitado por las autoridades a quienes viven fuera del país) y viajaban cada cierto tiempo a ver a sus familiares en la isla, aunque siempre entre secretismo y medidas de cautela extremas.

Eso sí, representan apenas una minoría, pues casi ningún desertor pretende volver tras sus pies y retroceder un camino hacia lo que muchos consideran “una gran prisión o un gulag tropical”. El mundo, lo conoce como Cuba.

Un ejemplo claro de estos casos es Osvaldo Alonso, quien en 2007 era el capitán de la selección de fútbol sub-23 de Cuba. Él aprovechó un viaje con el combinado a la ciudad de Texas para desertar.

Pese a no contar con documentación, decidió probarse en el fútbol estadounidense, donde encontró fortuna en el Charleston Battery, club que decidió contar con sus servicios. Posteriormente, en 2009 firmó contrato con el Seattle Sounders de la MLS, en donde aún milita.

Pero el caso de Alonso no es el único. Yosmel de Armas (solicitó asilo político en Miami hace meses), Rey Ángel Martínez-Alberto Delgado (abandonan la selección nacional durante la Copa de Oro celebrada en Los Ángeles en enero de 2012), Yaykel Pérez-Maykel Galindo (escapan de la selección en julio de 2005 y el segundo es ahora jugador del FC Dallas), Lester Moré (en 2007), Reinier Alcántara-Pedro Faife (en partido para Mundial 2010 se fugaron en Washington DC) y Yosniel Mesa (abandona la selección en Charlotte en 2011).

Pero a veces, las deserciones fueron en masa y claramente pactadas como en el torneo preolímpico de Tampa en 2008 cuando se marcharon a la vez siete jugadores (José Manuel Miranda, Erlys Garcia Baró, Yenier Bermúdez, Yordany Alvarez, Loanni Cartaya Prieto, Yendry Díaz y Eder Roldán).

En el mes de octubre de 2012, cuando Reysander Fernández Cervantes, Eviel Cordovez González, Maikel Chang Ramírez, Odisdel Cooper Despaigne e Ignacio Abreu Sánchez, abandonan el equipo cubano en Toronto. Este último caso, con intervención incluso de la FIFA, ha servido para que el Gobierno aceptara dar un nuevo paso hacia la liberalización de las leyes migratorias.

Actualmente, años después de que Fidel Castro, recientemente fallecido, haya dejado el poder en manos de su hermano, Raúl, las leyes migratorias cubanas permiten un “regreso temporal” al país para los profesionales y deportistas que desertaron durante misiones oficiales al exterior, así como los emigrantes ilegales que salieron de la isla desde 1994. Los beneficiados podrán retornar de visita transcurrido un plazo de ocho años de su deserción.  

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